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POLO EN LAS NOTICIAS

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En el año del cataplún, en 1990, Barquisimeto era un gran pueblo con menos de un millón de habitantes, equidistante entre los campos petroleros del Zulia, el núcleo económico del país, y Caracas, el centro simbólico del poder. De mentalidad provinciana, con 4 ó 5 cines comerciales y un solo teatro, las expresiones culturales giraban en torno al folklore sonoro del cual la ciudad mostraba su pecho inflado de orgullo frente a todo el país. Esta circunstancia, por la que Barquisimeto era conocida como capital musical de Venezuela, era muy bueno para todos y todas… menos para quienes nos gustaba la música rock. Entre el espanto y el desprecio, algunas bandas de rock intentaban sobrevivir bajo los crepúsculos larenses sin mucha suerte: con alquileres de sonido prohibitivos, sin espacios para presentarse , con estudios de grabación inalcanzables por su costo, sin canales para mostrar y circular sus precarias grabaciones. Como si lo anterior no fuera suficiente, entre los ambientes de izquierda, que gozaban de buena salud en aquella tierra semidesértica de cujíes y tunales, el rock era visto, palabras más palabras menos, como una muestra irrefutable de la penetración degradante del imperialismo norteamericano. Ser rockero, en síntesis, era toda una proeza que no muchos podían sobrellevar con estoicismo y dignidad.

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El periodista y productor radial, Polo Troconis, expresó que el concierto ‘Venezuela Live Aid’, llevado a cabo en Cúcuta, fue una iniciativa que llevó un gran mensaje a la comunidad internacional, significó el esfuerzo de un país de caminantes que incluso llagaron de zonas lejanas a este evento, buscando sueños y reavivando su esperanza por la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela.

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